Noche de estrellas y haiku en el planetario

Presentacion Planetario 2

HAIKU: LA POESÍA DE LA NATURALEZA

Si la naturaleza escribiera poesía, escribiría haiku… Bueno, realmente, esto es lo que hace desde siempre, sin principio ni final. El universo entero nos ofrece infinidad de haikus en cada instante, pero nos los vemos, o casi no los vemos. Pasa una golondrina rasante en la tarde: ¡Y he ahí un haiku! Se cubren las ramas de los suribios con una suave pelusa rosada con las lluvias de abril: ¡Y he ahí otro haiku! Al amanecer o al atardecer, millones de haikus se agolpan en el cielo y en la tierra. Y qué no decir en la noche donde las estrellas, los grillos y las ranas componen una inmensa sinfonía inagotable. El silencio es un haiku, uno de los mayores, sin duda, el que está al final de cada haiku, el que aparece con cada parpadeo, el que va de aliento en aliento. De hecho, a la naturaleza no le hace falta escribir nada, todo en ella es un canto, una oración continua del silencio.

El haiku es un tesoro invaluable que el Japón le dio al mundo entero a mediados del siglo XIX. Nació hace más de 3 siglos con poetas caminantes que amaban vivir a la intemperie para espiar detrás de cada gota de lluvia el milagro de lo desposeído, de lo despojado, de lo simple, de lo austero…

En Colombia el haiku es un recién llegado. Aún muchos no confían, no creen que algo tan sobrio e inasible pueda hacer parte de nuestro mundo tan agitado y complejo, tan ambicioso. Pero al haiku no le importan que no le crean. Como las nieblas parameras, moja aunque no parezca.

 Diente de León

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